Utopía
Uno de los peores daños
causados por el chavismo es la confusión ideológica
producida en grandes sectores de la población, sobre todo
entre los jóvenes. Y dentro de esa confusión lo más
grave es el alto grado de desprestigio de importantes conceptos e
instituciones políticas que, no obstante, siguen siendo fundamentales
en el mundo contemporáneo, como son izquierda, revolución,
socialismo...
Hoy nadie quiere ni oír hablar de esas cosas, pero no de una manera racional,
dentro de una discusión ideológica esclarecedora y fecunda, sino
de un modo visceral, fundamentalmente porque se cree que el chavismo se identifica
con cada uno de esos conceptos, sin darse cuenta de que Chávez y su gobierno
no son izquierdistas, ni socialistas, ni revolucionarios, ni comunistas...
Una de las grandes falacias producidas dentro de este contexto es la de confundir
socialismo con estalinismo, y tener como modelo socialista a la extinta Unión
Soviética, agregando a tal creencia un sentimiento de frustración
por su estruendoso fracaso, sin darse cuenta de que este no fue un hecho meramente
fortuito, ni un accidente de la historia, sino la inevitable consecuencia de
la más grotesca deformación ideológica que haya conocido
la humanidad. El solo hecho de que a esa aberración histórico-política
haya que haberle puesto el ridículo remoquete de socialismo real demuestra
inequívocamente su inautenticidad.
Como es señal, igualmente, de falacia e hipocresía el nuevo remoquete
inventado por Chávez y el chavismo, de socialismo del siglo XXI , pretendiendo
disfrazar con ello lo que no tiene nada de socialismo, sino que es la más
pura expresión del estalinismo en ascenso.
No deja de ser alarmante la derechización de grandes sectores de la población,
consecuencia de aquella confusión ideológica. No porque yo crea
a estas alturas que los ideales utópicos que alimentaron por tanto tiempo
las luchas sociales en todo el mundo son alcanzables en su pureza primigenia,
después del estrepitoso hundimiento del llamado socialismo real. Pero
creo firmemente que los sentimientos utópicos son consustanciales con
el ser humano, en cuya condición esencial está el no conformarse
con lo alcanzado, por muy elevado que sea, sino que siempre aspirará a
algo más, tal como magníficamente lo dice Alejo Carpentier en las
palabras finales de su novela El reino de este mundo: “Y comprendía,
ahora [Ti Noel], que el hombre nunca sabe para quién padece y espera.
Padece y espera y trabaja para gentes que nunca conocerá, y que a su vez
padecerán y esperarán y trabajarán para otros que tampoco
serán felices, pues el hombre ansía siempre una felicidad situada
más allá de la porción que le es otorgada.
Pero la grandeza del hombre está precisamente en querer mejorar lo que
es. En imponerse Tareas”.
Si de algo estoy convencido es de que lo que vivimos hoy en Venezuela no es,
ni remotamente, parecido a lo que los utopistas de ayer soñamos para nuestro
país. Y por eso no logra uno entender cómo otros soñadores
del mismo sueño parecen no haberse despertado. Yconste que no me refiero
a quienes, grotescamente, trocaron los suyos por costosos trajes de marca, camionetas
multimillonarias, viviendas de lujo y restaurantes de cinco tenedores.
Caracas, 02 de junio de
2006.
|