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La vía electoral

Lo malo que tiene la vía electoral para salir deun gobierno es que las elecciones crean esperanzas e ilusiones. El que concurre a unas elecciones va con la convicción de que va a triunfar, hasta el punto de que en medio de la campaña electoral ve supuestos indicios de su triunfo, aunque de hecho no sea así. Por eso las derrotas resultan traumatizantes y desalentadoras. Surge entonces la tendencia abstencionista con más fuerza que nunca, convencido el elector frustrado de que por la vía electoral no hay nada que buscar, casi siempre por el convencimiento de que en aquellas elecciones perdidas el ganador hizo fraude, y que el gobierno lo hará siempre, por lo que nunca perderá. Lo cual en muchos casos puede ser cierto, pero no siempre es así.

Esta afirmación es de la misma estirpe de aquella otra que, en tiempos de la llamada Cuarta República sostenía que "gobierno no pierde elecciones", hasta que la realidad demostró lo falso de tal afirmación.

Lo cierto es que las elecciones son el único medio democrático y legítimo para cambiar de gobierno. Sin desconocer que siempre estará presente el fantasma del fraude, especialmente cuando se trata de un gobierno despótico e inescrupuloso, que usa desmedidamente los bienes de la Nación para sus campañas electorales.

El voto como arma política es tan poderoso, que incluso con votos se puede derrotar el fraude más bien montado. El antídoto más eficaz contra el fraude es una votación masiva, a menos que lo fraudulento consista en cambiar los resultados de la elección, como ocurrió en 1952 bajo la dictadura de Pérez Jiménez. El que en otras ocasiones he llamado el fraude aritmético.

Desde luego que hay situaciones muy especiales, en las que las circunstancias hacen imposible lograr el objetivo por la vía electoral. Tal como ocurrió en 1958, cuando la única vía para salir de la dictadura perezjimenista era derrocarla, para lo cual era indispensable la actuación de las Fuerzas Armadas, únicas que en esos casos pueden deponer al gobierno.

De ahí que la estrategia de la oposición fuese la de crear una situación insurreccional popular que obligase a los militares a actuar, como en efecto ocurrió.

Es obvio que, frente a la vía electoral no hay alternativa que no pase por el estamento militar. Es verdad que el derrumbe de un gobierno contempla otras posibilidades que no sean la electoral. La renuncia del Presidente es una de ellas, pero factible sólo por la presión popular que, a su vez, obligue a las Fuerzas Armadas a presionar la salida del mandatario.

El dilema es claro. Salvo en condiciones muy excepcionales, un cambio de gobierno sólo puede hacerse por dos vías: la electoral y alguna otra que invariablemente pasa por la acción militar de cualquier tipo.

Por lo pronto, tengo la convicción de que aún en Venezuela no se ha cerrado la vía electoral. El resultado del referendo de 2007 señala claramente que por esa vía sí es posible derrotar al gobierno, pese a los elementos fraudulentos que entonces, como en otras ocasiones, se pusieron de manifiesto.

Caracas, 03 de abril de 2009.