Chávez
y Bush
El
parangón entre los presidentes Hugo Chávez, de Venezuela,
y George Bush, de Estados Unidos, no es gratuito ni impertinente. Las
ironías de la historia y de la política los han puesto
juntos, al frente cada uno de su respectivo país, y luego ellos
mismos se han ocupado, con gran diligencia, de mostrar su extraordinario
parecido.
Ambos han coincidido en llevar adelante, cada uno por su cuenta, pero
simultáneamente,
una política cuya nota más visible es la torpeza. Con una diferencia,
a favor de Chávez: sus torpezas son producto de la improvisación,
la inmadurez y la impulsividad, que lo llevan a tomar decisiones y a anunciar
medidas de improviso, sin haberlas estudiado ni consultado con sus ministros
y demás asesores, de modo que muchas veces es a estos a quienes primero
sorprenden tales anuncios y decisiones, generalmente hechos de manera sorpresiva
ante los medios de comunicación.
Mientras que es impensable que las políticas del señor Bush, por
más torpes que sean, hayan sido concebidas y ejecutadas por él
al impulso de sus ocurrencias, sino más bien como productos de un nivel
no muy elevado de inteligencia, tanto del presidente, como de su equipo de trabajo.
Bush, a su vez, tiene a su favor que su lenguaje, a menudo de muy poca calidad,
no es soez, guarango ni escatológico, como sí lo es muy frecuentemente
el del presidente venezolano, absolutamente impropio de un jefe de Estado.
Las torpezas del presidente Bush son, por supuesto, de muy grueso calibre, como
corresponde al gobierno de una gran potencia, muchas de ellas con el agravante
de que afectan al mundo entero, pues ponen en grave peligro la paz y la seguridad
de todas las naciones, como ha ocurrido últimamente con las agresiones
a Afganistán e Irak, en flagrante violación del derecho internacional.
Pero no voy a referirme a ellas para ilustrar mi afirmación del parecido
entre Bush y Chávez. Me limito a señalar que las políticas
disparatadas del presidente yanqui referidas específicamente a Venezuela,
en vez de cumplir lo que se supone es su objetivo primordial de desestabilizar
el gobierno de Chávez, más bien lo fortalecen y lo afianzan.
Con frecuencia se ha dicho, por eso, que Bush es el mejor aliado de Chávez,
y que cada vez que este sufre un descalabro por sus frecuentes metidas de pata,
una medida o un simple gesto de Bush hechos supuestamente en su contra, más
bien revierten o alivian el daño causado a su homólogo venezolano
por sus propias estupideces.
En cuanto a Chávez, no es necesario referirse concretamente a algunas
de sus torpezas, porque son tantas y tan notorias, que todo el mundo puede recordar
muchas en cosa de segundos, especialmente las que se manifiestan a través
del lenguaje vulgar, incivil y pendenciero del gobernante criollo. Recordemos
sólo la torpe política supuestamente antiimperialista del inquilino
de Miraflores. Antiimperialismo de micrófono y pantalla de TV. Pues por
más que Chávez se desgañite proclamando urbi
et orbe su
condena a las agresiones imperiales de Estados Unidos bajo el gobierno de Bush,
nunca logrará borrar el hecho de que tales agresiones son perpetradas
con el petróleo venezolano, que el señor Chávez vende a
muy altos precios a su compinche estadounidense.
Caracas, 05 de mayo de
2006.
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