Fraude anunciado
Cuando se habla de fraude electoral se tiende a pensar que este consiste sólo en adulterar el resultado de las votaciones.
Así fue en 1952, bajo la dictadura perezjimenista. Se llamó a elegir una Asamblea Constituyente, pero la dictadura no previó que el resultado le pudiese ser adverso, y cuando los primeros informes oficiales mostraron la tendencia irreversible a la derrota del Gobierno, el dictador ordenó paralizar la información sobre los escrutinios y alterar las cifras, de modo que “ganasen” los candidatos oficiales. La mayoría del Consejo Supremo Electoral, con su presidente, Dr. Vicente Grisanti, a la cabeza, dignamente se negó al fraude, y fueron destituidos y reemplazados por otros sumisos a la dictadura.
Pero esa no es la única manera de hacer fraude. En 2004, ante la inminencia del referéndum revocatorio del presidente, fracasadas las maniobras para impedirlo, el Gobierno tuvo tiempo para preparar el fraude, ante una posible derrota.
Para lo cual empezó por asegurarse de que el Consejo Nacional Electoral tuviese una mayoría mercenaria que, aparentando una fementida legalidad, le garantizase el triunfo a como diese lugar, tal como efectivamente ocurrió.
Ese CNE tuvo tiempo y recursos de sobra para orquestarlo todo, incluyendo el empleo tramposo de máquinas y procedimientos electrónicos adecuados a tal fin. Los expertos saben que no hay nada más cabrón que la informática, empleada de manera tendenciosa y sin escrúpulos.
Para las elecciones presidenciales ya el CNE cuenta con una rica experiencia en materia de fraude técnicamente planificado. Uno de sus recursos es el cinismo táctico, consistente en no pararle a las denuncias, por escandalosas que sean, sobre adulteraciones del registro electoral. A diario se publican hallazgos de graves “errores” en la lista de votantes, que sólo pueden ser descaradamente intencionales, y los miembros del CNE, imperturbables en sus mullidas sillas giratorias, se hacen los locos, no dan la más elemental explicación ni deciden nada para que se corrijan tales “errores”.
De modo que no es que en diciembre va a haber fraude en la elección presidencial, sino que el fraude ya comenzó a andar, con tal habilidad y eficacia, que parte de él son las supuestas concesiones que se ofrecen a la oposición (?). Con esto no digo nada nuevo: ya ha sido dicho por mucha gente.
¿Significa ello que no debe presentarse un candidato, preferiblemente único, que se enfrente a Chávez?
De ninguna manera. A menos que se opte por la vía conspirativa para librarnos del actual gobierno militar, los grupos e individualidades que se le oponen están obligados a utilizar todos los recursos que se presenten (incluso el electoral, aun cuando se sepa de antemano que hay un gigantesco fraude en marcha), para lograr el reagrupamiento y la organización de las fuerzas opositoras, hasta ahora dispersas y anarquizadas.
En la situación actual las elecciones no son, como en una verdadera democracia, un principio o una institución básica. Sólo son una táctica. Como táctica es, también, la abstención.
Ninguna de las dos puede descartarse, y la aplicación de una u otra, mutuamente excluyentes como son, dependerá de las circunstancias del momento.
Caracas, 14 de julio de
2006.
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