Daños
Los daños que el chavismo ha causado son incontables. No
hay aspecto que no haya sido afectado de alguna manera por ellos.
Ala hora de describirlos o comentarlos uno se encuentra como paralizado,
pues son tantos y tan variados, que no se sabe por dónde empezar.
Muchos son daños de tipo material. No obstante, los más graves
son de tipo moral, aunque casi siempre tienen también una implicación
material.
Tal el más extendido y notorio: la corrupción.
No es que esta sea exclusividad ni invención del gobierno chavista.
AAmérica la corrupción llegó con Colón –dicho sea
sin negar la grandiosidad de su hazaña–, cuando dispuso de los dos mil
maravedíes que los Reyes Católicos le entregaron, para que los
diese como premio al primero que viese tierra en su primer viaje, y él
se los regaló a su barragana de turno antes de salir de España.
Y en Venezuela, lo más parecido a la corrupción que campea en
los predios chavistas son los latrocinios de Guzmán Blanco, antecedentes
de los de Carlos Andrés Pérez. Sólo que todo eso ha sido
superado con enormes ventajas por los nuevos corruptos “revolucionarios”.
Hoy casi no hay venezolano que no conozca uno o más chavistas que ayer
eran de lastimosa pobreza, patente en el vestido que llevaban, en la humilde
vivienda donde habitaban, en las modestas taguaras donde comían, en
los destartalados autobuses donde viajaban, y que hoy visten trajes de firmas
famosas, moran en fastuosas casas o apartamentos, frecuentan lujosos y carísimos
restaurantes y van en vehículos de precios supermillonarios.
Igual pasa con la profunda y criminal división a que el chavismo ha
llevado al país. Siempre ha habido en Venezuela divisiones partidistas,
y no ha sido raro que en una misma familia hubiese miembros de opuestas parcelas
políticas.
María Antonia Bolívar, la hermana del Libertador, fue realista
hasta su muerte, muy posterior a la de su glorioso hermano, pero nunca dejó de
quererlo y de admirarlo. Yen el siglo XIX y comienzos del XX el signo político
más visible era la división en partidos y la lucha armada en
las guerras civiles. Lo cual nunca impidió que en diversos bandos actuasen
familiares y amigos que, por encima de la contienda, conservasen la fraternidad
y el afecto. Nunca se vio en el pasado, salvo por excepción, el odio
que hoy, fomentado explícitamente desde el más alto gobierno,
desgarra a la sociedad venezolana, incluso en el seno de las familias. El discurso
de Chávez no fomenta la lucha de clases –fenómeno histórico
y social casi de tipo natural–; lo que conscientemente pregona es el odio de
clases.
Gravísima es la confusión ideológica que el chavismo ha
traído. El desprestigio de las ideas más avanzadas en materia
política, económica y social provocado, sobre todo entre los
jóvenes, por la fementida “revolución bolivariana”, es inmenso
e impredecibles sus consecuencias.
¿Cuánto tiempo y esfuerzos va a costar, cuando pase la tormenta,
superar las secuelas de estos daños? Imposible saberlo, salvo que será tarea
de varias generaciones. Lo que uno no entiende es cómo gente honesta,
que ayer soñaron con la utopía en la que muchos aún confiamos,
todavía abriguen esperanzas de que, con esta misma gente, el desastre
pueda enderezarse.
Caracas, 19 de mayo de
2006.
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