Los resultados
No tengo la menor duda al calificar de fraudulentos los resultados del referendo del 15 de febrero. ¿En qué sentido? En el que registra el DRAE cuando define este adjetivo: "Engañoso, falaz".
No se trata de que se haya cometido fraude en el sentido tradicional, el fraude aritmético, consistente en cambiar las cifras de los resultados, tal como ocurrió en 1952, cuando el dictador Marcos Pérez Jiménez ordenó al Consejo Supremo Electoral alterar las cifras para atribuirle al gobierno un triunfo que estaba lejos de haber sido realidad. Lo cual, por cierto, motivó la renuncia de la mayoría del CSE, que tuvieron que ser inmediatamente sustituidos por otros para poder consumar el fraude. En este caso no ha sido así.
En este caso lo fraudulento, lo engañoso y falaz está en lograr una victoria a base de diversos factores, entre los que cuenta mucho el ventajismo brutal con que los sectores oficiales aprovecharon los recursos públicos para hacer una campaña electoral multimillonaria, obscena, como jamás se había visto en nuestro país, con todo el gobierno movilizado sólo en la campaña electoral, con dejación de sus funciones propias. A lo cual se agregan factores como el soborno, la presión ilimitada sobre los empleados públicos y demás servidores del Estado, y el constante amedrentamiento a los electores, a los cuales se hacía ver, entre otras cosas, que el triunfo del NO daría paso inevitablemente a una guerra civil.
No obstante todo ello, grato es advertir que la llamada oposición —ese complejo y abigarrado contingente antichavista— obtuvo importantes avances, que en ciertos casos, como Petare y Catia, muestran un inequívoco deterioro del apoyo a Chávez, que hasta hace poco en esos lugares era abrumador. Ahora las cosas han cambiado, y seguirán cambiando hasta la derrota final del chavismo en fecha al parecer no tan distante.
Muy importante ha sido esta vez, como en todas las anteriores, el factor abstención. Es verdad que en este caso la abstención bajó, hasta situarse en un 30 por ciento aproximadamente. Piénsese, sin embargo, que ese porcentaje significa que una tercera parte de los electores no fueron a las urnas. Es decir, que aun habiendo bajado sigue siendo alta, y la experiencia, y aun los recursos técnicos de la estadística, permiten sostener que de haber sido menor el número de abstencionistas, muy probablemente el NO habría triunfado. La lección que de esto se saca es obvia, que en el futuro hay que hacer los más grandes esfuerzos por disminuir aun más la abstención, hasta llevarla a cifras razonables e inevitables.
Otra lección que sale de todo esto es que, contrariamente a lo que el abatimiento y la desesperanza parecieran indicar, el voto sigue siendo el arma fundamental del pueblo en su lucha contra el autoritarismo y en defensa de la libertad y la democracia. La oposición ha ido paulatinamente creciendo en los procesos electorales realizados, y más allá de la impaciencia y la desesperación todo indica que es el único camino democrático que nos toca recorrer, hasta lograr el objetivo propuesto.
Caracas, 20 de febrero de
2009.
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