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Fermín Toro

El 24 de enero de 1848 se produjo uno de los episodios más trágicos y bochornosos de la historia venezolana, el conocido como "Asesinato del Congreso". Ocurrió que una turba, azuzada por el propio presidente de la República, general José Tadeo Monagas, asaltó la sede del Congreso Nacional con el fin de impedir que se enjuiciase al presidente. Allí murieron varios congresistas y algunos de los asaltantes, entre aquellos el diputado Santos Michelena, uno de nuestros primeros economistas, y el Congreso quedó disuelto de hecho. Al día siguiente, aconsejado por algunos de sus áulicos, Monagas conminó a los diputados y senadores a reanudar las sesiones, para mantener la continuidad del régimen constitucional. Fue esa la ocasión en que Monagas pronunció la célebre frase "La Constitución sirve para todo".

Entre los que se negaron rotundamente a complacer al autócrata se destaca Fermín Toro, quien dijo a los emisarios de Monagas otra frase célebre en la historia venezolana: "Decid al general Monagas que mi cadáver podrán llevarlo, pero que Fermín Toro no se prostituye". Fermín Toro es, por esa y muchas otras razones, uno de los ejemplos más conspicuos de dignidad en nuestro país. Su pensamiento liberal, cuando ser liberal era ser de izquierda, quedó plasmado en más de una de sus actuaciones. En su obra capital, Reflexiones sobre la Ley de 10 de abril de 1834, dejó sentada su concepción ideológica de manera inequívoca. Allí dice: "Nadie es libre legítimamente en un país, mientras haya una clase que carezca de lo necesario para mantener su existencia física y su dignidad moral". Palabras que claramente aluden al socialismo utópico, que Toro conoció en Europa directamente de sus fuentes, en las varias etapas de su vida que vivió allá. También su idea del Gobierno lo definen como un avanzado pensador: "Un gobierno debe ser un poder regulador que impida que ninguna fuerza social sea oprimida por la preponderancia de otras".Hombre fundamentalmente de ideas, Fermín Toro no vaciló en tomar las armas cuando las circunstancias lo aconsejaban como única vía para enderezar el rumbo del país. Y allí lo vemos, entre quienes encabezaron la conocida como Revolución de Marzo, en 1858, que derrocó a su antiguo rival, José Tadeo Monagas, devenido en dictador supuestamente "legítimo". Es encomiable divulgar la vida de hombres y mujeres de la talla de Fermín Toro, en esta época en que, dentro de la situación catastrófica que estamos padeciendo, se vive una profunda crisis de dignidad. Esta palabra, para muchos, no es hoy sino la cobertura de un prejuicio pequeño-burgués. En una sociedad donde la adulancia se ejerce sin el mínimo rubor, donde la corrupción impera en todas las instancias del poder, donde la arrogancia y la inescrupulosidad de los gobernantes son ya antivalores cotidianos, bien vale recordar a un verdadero campeón de la dignidad ciudadana como Fermín Toro. Es una herencia a la que no debemos renunciar, sino mas bien afianzar y enaltecer cada vez más.

Caracas, 20 de marzo de 2009.