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Contraste

Con asombrosa terquedad, los sectores oficialistas, con el Presidente a la cabeza, tachan de subversiva toda manifestación opositora, casi siempre describiéndola como dirigida a desestabilizar el régimen. En realidad, desde los ministros para abajo no hacen sino repetir lo que desde las alturas de su cargo hace a cada rato el inefable presidente Chávez.

Inexplicable, digo, tal actitud, porque si algo es evidente es que hoy día nadie cree en semejante patraña, y los primeros en saberlo son los mismos que la repiten constantemente.

Y nadie lo cree, porque las evidencias de lo que realmente ocurre están a la vista y al oído de todos. Los diecisiete gobernadores y los alcaldes chavistas elegidos el 23 de noviembre, todos, sin excepción, tomaron posesión de sus cargos pacíficamente, y están en pleno ejercicio de sus funciones sin que la oposición ni nadie más los perturbe. En cambio, gobernadores y alcaldes de la oposición elegidos en la misma fecha han sufrido toda clase de tropiezos para ocupar sus cargos y ejercerlos, por la acción vandálica que grupos chavistas han perpetrado en su contra, con la flagrante complicidad de la Policía Metropolitana y la Guardia Nacional, que no sólo han permanecido al margen, aun estando presentes en el momento de los hechos, sino que incluso en algunos casos han participado en los atropellos en forma directa y consciente. Patéticos son los casos del gobernador del estado Táchira y del alcalde metropolitano de Caracas. En el primero, la investidura del gobernador no fue posible en la fecha que legalmente le correspondía, por negativa de los organismos oficiales competentes, que impusieron arbitrariamente que se hiciese en enero. Mas no conformes con eso, el Consejo Legislativo del estado, dominado por el chavismo, se ha apoderado del Palacio de Gobierno, sede tradicional del Poder Ejecutivo, impidiendo al gobernador despachar desde su propia sede.

En cuanto a la Alcaldía Metropolitana, todo el mundo sabe el desastre que allí han causado los chavistas, las condiciones precarias en que la administración anterior dejó la sede de la alcaldía y la toma por asalto de esta por hordas armadas del chavismo.

Los señalados no son sino una ínfima muestra de lo que ha sido generado por el chavismo para entorpecer el cambio de mando producido en algunas gobernaciones y alcaldías el 23 de noviembre.

¿Quiénes son, entonces, los verdaderos productores de la violencia y la inestabilidad institucional? ¿Es este brutal estado de cosas lo que se pretende perpetrar mediante la enmienda constitucional para consagrar la reelección presidencial perpetua? Es un comportamiento inexplicable del chavismo, pues se trata de una actitud torpe y sin sentido, particularmente en un período electoral, en que cada disparate del Gobierno se traduce en menos votos para el SÍ, y correlativamente más votos para el NO, o para la abstención. De tal modo que si no fuera por el daño que causan al país, tales estupideces hasta serían dignas de agradecimiento por la oposición.

Caracas, 23 de enero de 2009.