Política caprichosa
Lo peor que le puede ocurrir a un país es que lo gobiernen según los caprichos del gobernante.
Si este pretende ser el jefe, líder o caudillo de una supuesta revolución, es mucho más grave.
Y esa es la dramática realidad que vive hoy nuestro país. Chávez gobierna a Venezuela, y dirige, lideriza o acaudilla su fementida revolución, en gran parte según sus caprichos. Basta con leer la primera acepción que de esta palabra registra el Diccionario de la Real Academia para que se comprenda lo que digo: “Determinación que se toma arbitrariamente, inspirada por un antojo, por humor o por deleite en lo extravagante y original”. Si no fuera porque sabemos que esta definición del DRAE aparece por primera vez en la edición de 1992, cuando Chávez no había debutado como gobernante, podría uno pensar que tal definición se inspiró en su manera de gobernar, desde su ascenso al poder en 1998. Porque en ella está realmente retratado.
Son muchos los ejemplos de cómo el inefable paisano de Sabaneta gobierna de manera caprichosa, según sus antojos y ocurrencias, aunque estén fuera de toda lógica. Uno de ellos es el de cambiar la imagen del caballo en el escudo nacional.
Según su propia confesión, el capricho ni siquiera fue suyo, sino de alguien muy cercano a su afecto, y él lo acogió complacido, sin darse cuenta, y sin escuchar a quienes se lo advirtieron —si es que alguien se atrevió a ello—, de que cuando la imagen de un caballo, o de cualquier otro animal, o incluso de alguna persona, corre hacia la izquierda, es porque está de regreso, devolviéndose.
El ejemplo es banal, es verdad, pero es sintomático. Y no podrá decirse que la decisión no fue del Presidente, sino de la Asamblea Nacional, pues bien se sabe que esta no es sino una grotesca caja de resonancia de la voz del amo.
Algo parecido ocurrió con el cambio del nombre oficial del país, para incluir la palabra “bolivariana”. Este antojo sí fue de Chávez en persona, pero la idea fue rechazada por una abrumadora mayoría de constituyentes, en momentos en que el caprichoso estaba, como de costumbre, fuera de Venezuela. Mas cuando regresó, no tuvo ninguna dificultad para que los obsecuentes diputados rectificasen la votación, complaciendo el capricho presidencial.
También podrá decirse que el ejemplo es intrascendente, pero es así mismo una muestra de un comportamiento que se manifiesta también en otros hechos.
Son muchos, casi habituales, los casos en que, en sus comparecencias ante los medios de comunicación, hace anuncios notoriamente intempestivos, algunos de mucha importancia como actos de gobierno, que a los primeros que sorprenden es a los ministros, incluso aquellos a quienes competen tales anuncios, que no les fueron previamente comunicados, ni mucho menos discutidos con ellos, que es lo que sanamente corresponde a la función ministerial.
¿No suena mucho a capricho, casi a capricho infantil, el asalto anunciado a Radio Caracas Televisión? La forma como se ha manejado el caso ante la opinión pública nacional e internacional no deja dudas al respecto.
Caracas, 23 de marzo de
2007.
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