La lección del CNP
Las recientes elecciones en el Colegio Nacional de Periodistas, después de diez años sin realizarlas, constituyen una hermosa lección. Mucha gente, dentro del gremio y fuera de él, daban por muerta a esa importante institución, porque, en efecto, hacía muchos años que no daba señales de vida. Y de pronto la iniciativa de unos pocos —el primero, creo, Manuel Isidro (Chiro) Molina— de revivirlo fue tomando cuerpo, hasta convertirse en un entusiasta movimiento, que culminó felizmente en el proceso comicial.
Quizás lo más interesante fue que, contra una larga tradición, no sólo en el CNP, sino también en todos los demás gremios y agrupaciones sindicales, en esta ocasión no se enfrentaron corrientes ideológicas o partidistas, y las tres planchas postuladas estuvieron integradas por periodistas, o bien independientes, o bien pertenecientes a sectores de oposición, sin que los colegas afectos al gobierno se preocupasen siquiera por presentar sus candidatos, seguramente por saber de antemano que los esperaba una aplastante derrota, aunque su ausencia se pretendió explicar con sofismas y pretextos que nadie tomó en serio.
Se dio mas bien lo que podría calificarse de competencia generacional, entre veteranos y más nuevos en las lides profesionales, estos últimos ayunos en experiencias gremiales, por la razón, ya señalada, de que el CNP no funcionaba desde hacía muchos años. Pero no fue un enfrentamiento, como suele ocurrir en tales casos, sino una sana emulación. Triunfó, por amplio margen, la plancha de "los nuevos", por llamarlos de algún modo, pero con el evidente apoyo de muchos veteranos, que preferimos darles la oportunidad a los más jóvenes, pero sin regatearles la experiencia que ellos, sabiamente, sabrán aprovechar.
No es pequeña la responsabilidad que los nuevos dirigentes del gremio asumirán próximamente. Las condiciones de trabajo de los periodistas son hoy las más difíciles de la historia del periodismo venezolano. Al hecho de seguir siendo una profesión pésimamente remunerada y carente de la más elemental asistencia social para sus trabajadores, se une la inseguridad en que se desempeña la labor del periodista. No es sólo la inseguridad general, que afecta al total de la población, sino principalmente la constante amenaza contra la libertad de expresión, que hoy existe en nuestro país en un grado mucho mayor que en los últimos cincuenta años. Nunca, en efecto, desde los tiempos de la dictadura militar de Pérez Jiménez, los periodistas venezolanos habían ejercido su oficio como ahora, libremente, es verdad, pero mediatizado por la constante amenaza contra la libertad personal y contra la integridad física, y aun con peligro de la vida misma.
Hay motivos para confiar en los nuevos dirigentes del CNP. Todos ellos han dado muestras de un excelente profesionalismo, ejercido con honradez y decencia. Y el entusiasmo con que asumieron la tarea de rescatar el Colegio del marasmo que lo mantenía paralizado es un magnífico augurio.
Caracas, 27 de junio de
2008.
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