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Unidad

Últimamente se ha vuelto a poner énfasis en la necesidad de que los grupos e individualidades opuestos al gobierno se unifiquen, y enfrenten en un solo bloque los retos que la situación del país propone. No es que se hubiese perdido la noción de que la unidad es condición esencial para poder librarnos de Chávez y del chavismo, pero había como pasado a un segundo plano, y ahora ha vuelto a ocupar el primer lugar. Es natural. La unidad de la oposición (¿) es un desideratum sobre todo cuando determinadas circunstancias lo ponen de relieve, y la elección presidencial es una de ellas.

Sin embargo, al parecer se tiende a incurrir en el viejo error de pretender que la unidad sea total y permanente y que vaya más allá de un objetivo común más o menos inmediato.

Tal unidad es imposible, y quienes la pretenden pecan de ingenuidad. Es imposible porque la unidad que se requiere supone la concurrencia de intereses muy diversos, algunos absolutamente incompatibles entre sí. Se trata de lo que en otras ocasiones he llamado una alianza promiscua , aunque necesaria, que en lo político va de la extrema derecha a la extrema izquierda, y en lo económicosocial, del empresariado más reaccionario hasta los sectores de la población más pobres y marginados.

Por eso no puede ser permanente, pues, provocada por el objetivo común de sacar a Chávez, una vez alcanzado ese propósito, cada sector vuelve a lo suyo, a la defensa de sus intereses específicos.

Además, no sólo puede ser permanente, sino que también es indispensable que semejante alianza triunfe rápidamente, pues si se prolonga más de cierto tiempo, algunos sectores, en particular los empresarios, como es natural, ven en peligro sus intereses económicos y dan marcha atrás, o al menos rompen la unidad para irse a defender sus cuantiosos bienes. Es tonto pensar que esos sectores van a una unidad con sus adversarios naturales por motivaciones patrióticas, y no por intereses pragmáticos y crematísticos, aunque, desde luego, haya sus excepciones.

Una cosa que no se entiende es por qué, si todo el mundo está de acuerdo en que la unidad de los opositores es imprescindible para triunfar sobre Chávez y el chavismo, esa unidad no se acaba de producir. Esto pone en evidencia que en política, dentro de un régimen democrático, los partidos y el liderazgo son imprescindibles.

Pero no se trata de esa suerte de paridera de conejas, que es la proliferación de partidos, más bien seudopartidos, y grupúsculos con ínfulas de partido, que más bien entorpecen la genuina acción política. Un factor que, en 1957, ayudó mucho a constituir la Junta Patriótica que echó a Pérez Jiménez, fue que en el país para ese entonces sólo hubiese cuatro partidos, el PCV, AD, Copei y URD, lo que facilitó el entendimiento y la acción unitaria.

En las condiciones actuales son esenciales una candidatura unitaria —no necesariamente única— y una aguerrida campaña electoral, porque a la larga, aunque se imponga una vez más la abstención táctica, o aunque, de ir a las elecciones, el candidato resulte derrotado, lo más probablemente mediante el fraude que ya se vislumbra, se habrá dado un primero e importante paso hacia la constitución del liderazgo que se reclama y al nacimiento de una verdadera oposición.

Caracas, 30 de junio de 2006.