A veces el relativo que introduce una oración subordinada adjetiva puede ser reemplazado por un adverbio de lugar, de modo o de tiempo, que entonces pasan a hacer función de pronombre relativo, aunque conservan la noción de lugar, de modo o de tiempo que les corresponde.
En la oración “El pueblecito donde nací ha crecido enormemente” la subordinada “donde nací” lleva el adverbio “donde”, en vez del relativo, que en este caso sería “que” precedido de la preposición “en” : “en que nací”, o también “en el cual”.Aquí, pues, “donde” hace función de pronombre relativo, pero conserva su noción de lugar.
Asimismo, en la oración compuesta “Nosotros no sabíamos las maneras como aquellos eran capaces de actuar”, la subordinada “como aquellos eran capaces de actuar” va introducida por el adverbio de modo “como”, en lugar de un pronombre relativo. En consecuencia, “como” cumple aquí función de relativo, pero sin perder la noción modal que le corresponde como adverbio de modo. En este caso, si quisiéramos emplear un relativo en vez del adverbio, tendríamos que usar otro giro sintáctico:
“Nosotros no sabíamos las maneras que aquellos eran capaces de emplear”.
Algo parecido hallamos en la oración compuesta “Ella añoraba los días cuando vivía en París”, en que la subordinada “cuando vivía en París” va encabezada por el adverbio de tiempo “cuando” en función de relativo, conservando su noción temporal.
Podríamos reemplazar el adverbio por un relativo, pero en tal caso habría que cambiar también el tiempo del verbo: “los días que vivió en París”.
Un interesante problema que a menudo se plantea en algunas de estas oraciones subordinadas es el de la concordancia entre el verbo y el pronombre relativo, cuando el antecedente de este es de primera persona. La regla general de concordancia prescribe que, en obsequio de la lógica, el verbo debe concordar con el antecedente del relativo, que, según antes vimos, es su sujeto.
Sin embargo, esta norma suele alterarse. Si decimos, por ejemplo, “Yo soy el que vine esta mañana”, aquí el verbo, “vine”, concuerda con el antecedente en primera persona, “yo”. Pero si construimos la oración de esta otra manera: “Yo soy el que vino esta mañana”, se altera la concordancia del verbo con el antecedente “yo”, pues el verbo va en tercera persona. ¿Es impropia esta construcción? En unos versos de los Veinte poemas de amor y una canción desesperadaPablo Neruda dice: “Soy el desesperado, la palabra sin ecos, / el que lo perdió todo y el que todo lo tuvo”.
¿Pudo haber escrito mas bien “el que lo perdí todo y el que todo lo tuve? Yo creo que sí.
El Esbozo de una nueva gramáticaregistra en este caso una vacilación tanto en el habla usual como en el lenguaje literario. Lo mismo puede ocurrir cuando el antecedente es de segunda persona: “Tú eres el que puso la torta”, o “Tú eres el que pusiste la torta”.
Algunos consideran que en este caso interviene un factor estilístico. Se piensa que el verbo en 1ª persona comunica mayor afectividad, mientras que en 3ª opone como una valla entre los interlocutores:
“Yo soy el que sueño con tus besos” pareciera expresar mayor intimidad que “Yo soy el que sueña con tus besos”.
Caracas, 06 de febrero de 2007.