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Oraciones compuestas (IX)
Oraciones circunstanciales (II)

Cuando las oraciones adverbiales o circunstanciales de lugar se construyen con verbos de movimiento, es frecuente que el adverbio lleve una preposición que precise la dirección del mismo. Por ejemplo, en “Voy a donde mejor me traten”, la preposición “a” indica claramente en qué dirección se practica el verbo ir; en cambio, en “Él viene de donde trabaja”, la preposición “de” indica la dirección del verbo venir. En esos casos se pueden usar indistintamente la locución “a donde” o el adverbio “adonde”, cuando se trata del verbo “ir”. En el caso de “venir”, no existe un adverbio equivalente a “adonde”, y sólo se emplea la locución “de donde”. Pero en algunos casos la construcción admite la preposición “desde”, en lugar de la preposición “de”, cuando la oración hace referencia, no sólo a la dirección de donde se viene, sino también a la distancia:
“Vengo caminando desde mi casa y estoy muy cansado”. Es fácil observar la diferencia entre “Vengo de mi casa” y “Vengo desde mi casa”.

Cuando en la acción de movimiento nos referimos, no sólo a la dirección en que el mismo se produce, sino también al lugar donde concluye, usamos la preposición “hasta”: “Voy hasta mi casa porque necesito resolver unos asuntos”.

Es posible que la oración compuesta, aun tratándose de verbos de movimiento, no se refiera al lugar de origen ni al de destino de la acción, sino al espacio preciso donde se realice la acción o parte de ella. En tal caso la preposición que se emplee podría ser “por”: “El ladrón pasó corriendo por donde nosotros estábamos”. Pero, según el verbo, podría ser otra: “La gente corrió hacia donde podía guarecerse de la lluvia”.

Con frecuencia el adverbio “donde” se emplea acompañado de la preposición “en”: “La fiesta será en donde Fulano”; “Ella busca trabajo en donde sea”. Sin embargo, aunque no se trata de construcciones incorrectas, es preferible en estos casos no usar la preposición, pues, tal como se ve en los ejemplos, hay una evidente redundancia, habida cuenta de que la preposición “en” tiene implícito un valor adverbial de lugar, que la hace equivalente a “donde”. Si en ambos ejemplos se elimina la preposición, el sentido de la oración no sufre menoscabo alguno, y de paso se evita la duplicación redundante.

Este tipo de construcción, con el adverbio “donde” sin preposición, es usual en ciertas oraciones elípticas: “Dormimos donde nos coge la noche”. En este ejemplo se sobreentiende “el lugar (o el sitio) donde nos coge la noche”.

Igual ocurre en “Él come donde sus padres”, que podría decirse también “Él come en casa de sus padres”. Este giro sintáctico, con “donde” sin preposición, es apropiado sólo cuando lo que sigue es nombre de persona, pero resulta chocante cuando es nombre de cosa: “Eso le venden donde el Centro Comercial”.

Es importante que en las oraciones de este tipo, salvo excepciones, no se omita la preposición correspondiente, vicio en el cual con frecuencia se cae, construyendo de ese modo oraciones anómalas, que incluso pueden caer en el absurdo. Como sería el caso de preguntar “¿Dónde fue Fulano?”, en lugar de “¿A dónde fue Fulano?”. Lo aconsejable es observar muy bien lo que se quiere decir, para determinar con exactitud la construcción adecuada.

Caracas, 06 de marzo de 2007.