La concordancia, como se sabe, es la correspondencia entre ciertas palabras en relación con los "accidentes gramaticales". Entre el sustantivo, por ejemplo, y sus modificantes debe haber concordancia de género y de número. Lo cual quiere decir que un adjetivo, sea calificativo o determinativo, debe estar en el mismo género y en el mismo número que el sustantivo al cual se refiere.
El artículo, por ejemplo, que es un adjetivo, como hace muchos años lo señaló Andrés Bello, deberá ser masculino o femenino, singular o plural, según lo sea el sustantivo al cual determine: "el hombre, los hombres"; "la mujer, las mujeres".
Pero hay casos en que esa norma no se observa.
En el sintagma "el agua" un sustantivo de género femenino, "agua", lleva un artículo, "el", de género masculino. Esto, que a primera vista parece una anomalía, produce dudas y confusiones, y a menudo nos consultan al respecto.
Es un problema fonético. La forma natural y lógica del sintagma dado como ejemplo es "la agua". Pero dicho de esa manera, el oído rechaza el sonido desapacible producido por el choque de la "a" del artículo "la", y la inicial del sustantivo "agua". Para evitar tal disonancia se ha optado por usar en ese caso el artículo en masculino, "el", aunque el sustantivo sea femenino.
Sin embargo, si el sustantivo va en plural, "aguas", el artículo irá en femenino, según la norma común: "las aguas". Al interponerse el sonido "s" del artículo en plural entre las dos "aes", estas no chocan, y por tanto no producen el sonido desapacible.
Igual ocurre en muchos otros casos: "el alba", "las albas"; "el ansia", "las ansias"; "el arpa", "las arpas"; "el arte", "las artes"; "el arca", "las arcas"; "el alma", "las almas"; "el águila", "las águilas"; "el ánima", "las ánimas"...
Incluso si se trata de sustantivos femeninos que comienzan con "h" muda seguida de "a": "El hacha", "las hachas"; "el habla", "las hablas"; "el hada", "las hadas"; "el hambre", "las hambres"; "el hampa", "las hampas"...
Así ocurrirá siempre que cualquier elemento se interponga entre las dos "aes": "la dulce habla", "la enorme arca", "la innoble ansia de poder"...
Esta concordancia especial se da sólo con sustantivos que comienzan con "a" o con "ha" cuando la primera sílaba va acentuada (tónica), pero no cuando el acento recae en cualquier otra sílaba: "la aurora, las auroras"; "la aldea, las aldeas"; "la amiga, las amigas"; "la antorcha, las antorchas"; "la acacia, las acacias"; "la angustia, las angustias"; "la hacienda, las haciendas"; "la hamaca, las hamacas"; "la habichuela, las habichuelas"; "la harina, las harinas". En todos estos sustantivos la sílaba acentuada es la segunda.
En estos casos, en que el sustantivo tiene la primera sílaba átona, no hay choque entre las dos "aes" porque la tendencia natural es a pronunciar el artículo con una "a" larga, que se funde con la "a" del sustantivo sin chocar con ella: "laaldea", "laamiga", "lahamaca"...
Caracas, 08 de abril de 2008.