Vimos que el complemento directo puede llevar una preposición “a”, que lo articula con el verbo. “A” es la única preposición que puede acompañar al complemento directo. Sin embargo, ese solo hecho no sirve para identificar el complemento directo en una oración, porque la preposición “a” también puede acompañar al complemento indirecto, como después veremos.
Pero no siempre la preposición “a” puede ir con al complemento directo. Para que eso pueda ocurrir es necesario que se den ciertas condiciones.
En primer lugar, el complemento directo lleva ”a” cuando es nombre de persona determinada. De ahí la diferencia entre las oraciones “Un niño busca mamá” y “Un niño busca a su mamá”. En el primer caso el complemento directo (la cosa buscada) es “mamá”, nombre de persona, pero indeterminada, pues el sujeto (“un niño”) no busca una mamá en particular, sino una mamá cualquiera, es decir, una persona que le sirva de mamá.
En cambio, en el segundo ejemplo el niño busca a una mamá determinada, que pudiera ser la suya, o la de la persona a quien se habla (“su mamá de usted”). De cuál de las dos se trata se determinará por el contexto. También pudiera ser “Un niño busca a mamá”, sin el adjetivo posesivo. En este caso el complemento directo también es nombre de persona determinada, y por el giro empleado se sobreentiende que el niño busca a la mamá del que habla.
Lo mismo se presenta en oraciones como “Llamen un médico” y “Llamen al médico”. En el primer ejemplo se trata de llamar un médico cualquiera, sin especificar cuál; en el segundo, se pide llamar a un médico determinado, conocido de antemano. Igual sucede con las oraciones “Necesito un plomero ”y “Necesito al plomero”.
En la primera se trata de un plomero cualquiera, no de uno determinado; en el segundo me refiero a un plomero en particular, conocido de antemano, muy bien determinado.
En atención a esta norma lleva “a” el complemento directo cuando es nombre propio de persona, por definición determinada: “Alguien busca a Luis”; “Necesito a María para un trabajo”; “Conozco a Pedro y sé que no se molestará”; “Tenemos a Carlos de vecino”; “Ellos visitarán a Rosita en la clínica”.
La misma norma se aplica cuando el complemento directo es nombre de animal. Si es un animal determinado, lleva “a”; cuando es indeterminado, no: “Don Quijote amaba a Rocinante”; “Don Quijote amaba los animales”.
Rocinante es el nombre propio del caballo de Don Quijote; es, por tanto, nombre de animal determinado, y por eso lleva “a”. No es así en el otro caso, pues la palabra “animal” es nombre de animal indeterminado.
Igual ocurre en las oraciones “En la esquina mataron un perro” y “En la equina mataron al perro del vecino”.
En la primera el complemento directo es nombre de animal indeterminado, por lo que no lleva la preposición; en cambio, en la segunda es nombre de animal determinado, pues no se trata de un perro cualquiera, sino específicamente el del vecino.
Cuando el complemento directo es nombre propio geográfico, en principio lleva “a” ; sin embargo, en este caso hay vacilación, y hoy es más frecuente que no la lleve: “En el viaje incluimos a Madrid” / “En el viaje incluimos Madrid”; “Vimos a París de noche” / “Vimos París de noche”. La eliminación de la “a” en estos casos no es impropio.
Caracas, 08 de agosto de 2006