Vimos muy de paso que la expresión “hasta tanto…”, para indicar el fin de una acción, no se construye con el adverbio de negación “no”, como equivocadamente se hace con mucha frecuencia. Es un error, por ejemplo, decir: “Mantendremos el paro hasta tanto no se nos pague lo que nos deben”; “Hasta tanto no regrese la comisión no saldremos de aquí”; “Estaremos mal hasta tanto no se desarrolle la industria agropecuaria”. En los tres casos el “no” que sigue a la expresión “hasta tanto” está demás y trastorna el significado de la frase, dando a entender lo contrario de lo que se quiere decir. La construcción válida en esos casos es “hasta tanto se nos pague…”, “hasta tanto regrese la comisión” y “hasta tanto se desarrolle la industria…”.
La razón de esto es que la expresión “hasta tanto…” se refiere al momento final de la acción verbal correspondiente. O sea, que la acción de “mantener el paro” terminará cuando “nos paguen”; el hecho de “no salir de aquí” durará “hasta que regrese la comisión; y el hecho de “estar mal” terminará cuando “se desarrolle la industria agropecuaria”.
Es distinto si decimos, por ejemplo, “Mantendremos el paro mientras no se nos pague…”. En este caso, con el adverbio “mientras” en lugar de la locución “hasta tanto”, seguida de “no”, es obvio que la frase se refiere, no al momento final de la acción, sino al tiempo de duración de esta. Lo cual se ve claramente si se observa la diferencia de significado entre la preposición “hasta” y el adverbio “mientras”. Ambos vocablos denotan tiempo, pero “hasta” se refiere al momento final de un determinado lapso, y “mientras” se refiere a todo el tiempo que dura ese lapso.
Otro error muy frecuente, detestable y sumamente torpe y vulgar, originado en México y que se ha venido extendiendo a otros países, consiste en usar la preposición “hasta” indebidamente, donde no cabe, de modo que igualmente altera el significado de la expresión: “Hasta ayer fue que lo supe”. Cualquier hispanohablante con buen sentido de su idioma y un mínimo de sindéresis entiende que alguien sabía algo, pero a partir de ayer dejó de saberlo. Un verdadero disparate, como puede verse. Pues bien, lo que los mexicanos, y quienes los imitan, quieren decir con eso es que “Ayer fue que lo supe”. De modo que en la construcción original la preposición “hasta” está demás y altera el significado de la frase.
Otros casos de este tipo los veremos la semana que viene.
¿RENOVADORES DEL LENGUAJE?
En una cuña publicitaria gubernamental que se repite en la TV constantemente se dice: “La siguiente transmisión obedece con lo establecido en el artículo 10”. Aparte de no decir de dónde es el artículo 10, este texto nos plantea un problemita gramatical. Hasta ahora, que yo sepa, el verbo “obedecer” se construye con la preposición “a”, y nunca con la preposición “con”. De modo que esta redacción nos pone ante un dilema: ¿demuestra la supina ignorancia de su lengua por parte de sus autores, o se trata de un gesto creador, de renovación y enriquecimiento del idioma?
Caracas, 09 de septiembre de 2008.