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La derivación (3)

Vimos que los derivados pueden provenir de un verbo (postverbales o deverbales): amar > am–able; comer > com–edor; dormir > dorm–itorio.

De un sustantivo (denominales): pecho > pech–uga; brazo > braz–alete; carne > carn–ívoro.

O de un adjetivo (deadjetivales): bueno > buen–azo; feo > fe–aldad; ágil > agil–idad.

Con el sufijo "–mente" se forman adverbios de modo a partir de un adjetivo. De hecho, puede decirse que, salvo muy contadas excepciones, todos los adjetivos castellanos admiten formar estos adverbios: fatal–mente, primera–mente, silenciosa–mente, enorme–mente, poderosa–mente, rica–mente, pobre–mente, solidaria–mente, ardiente–mente, seria–mente, etc.

Existen también ciertos derivados naturales o lógicos, que se desprenden de manera obvia de ciertos vocablos, aunque nunca se usen. Es el caso, por ejemplo, del sustantivo gobernabilidad, derivado del adjetivo gobernable. De hecho puede decirse que de todo adjetivo terminado en "–able" deriva un sustantivo terminado en "–bilidad": afable > afabilidad; amable > amabilidad; estimable > estimabilidad; contable > contabilidad; estable > estabilidad; confiable > confiabilidad... Obsérvese que en estos casos se trata de un derivado de otro derivado.

Muchos de estos derivados no figuran en el DRAE, lo cual no quiere decir que no existan. Ocurre que son tan obvios, como derivados naturales y lógicos de sus respectivos primitivos, que su inserción en el diccionario no es necesaria.

Hay sufijos especialmente destinados a formar determinados tipos de derivados. Por ejemplo, "–ito", "–ita", "–ico", "–ica", "–illo", "–illa" y otros sirven para formar diminutivos: paso > pas–ito; tira > tir–ita; gato > gat–ico; rata > rat–ica; hijo > hij–illo; hoja > hoj–illa.

Los sufijos "–on", "–ona", "–ote", "–ota", "–azo" forman aumentativos: pizarra > pizarr–ón; mujer > mujer–ona; cosa > cos–ota; cuerpo > cuerp–azo.

Con los sufijos "–uco", "–uca", "–ucho", "–ucha", "–aco", "–orrio", "–astro", "–zuelo", "–zuela" podemos formar despectivos: malo > mal–uco; mujer > mujer–uca; feo > feúcho; casa > cas–ucha; libro > libr–aco; villa > vill–orrio; poeta > poet–astro"; hombre > hombre–zuelo; mujer > mujer–zuela.

Es de advertir que algunos de estos sufijos, que habitualmente forman despectivos, no siempre actúan de esa manera. Con "–ucho", por ejemplo, se forman también derivados como Marcucho y Perucho, que no sólo no son despectivos, sino que hasta revelan cierto carácter afectivo. Lo mismo ocurre con "–zuela", que permite formar el nombre Venezuela, sin valor despectivo, y en su lugar mas bien se percibe una noción diminutiva.

Caracas, 11 de noviembre de 2008.