Recientemente, en una publicación digital, una persona pidió a quien pudiera hacerlo le explicase si la expresión "debe de venir" es "correcta", o si lo "correcto", como él creía, es "debe venir". Inmediatamente alguien le respondió dándole la razón, pues, según esta otra persona la forma "debe de..." es "incorrecta". Trató, además, de fundamentar esta respuesta, pero lo hizo de una manera realmente disparatada. Comenzó por darle la razón al consultante, porque supuestamente la forma "deber de..." es "incorrecta", y sólo debe usarse "deber...", sin la preposición "de". Y entre otras cosas sin sentido le dijo también que la preposición "de" no puede usarse delante de un verbo (¿?). El consultante, por supuesto, le respondió agradeciéndole la respuesta y muy contento por comprobar que él estaba en lo cierto.
Sin ánimo de arrugarle el traje al feliz consultante y de empañar su alegría por creer que tenía la razón, me permito decirle que no es así, que quien respondió a su solicitud está equivocado y que la expresión "deber de..." es perfectamente válida. Ser trata de una vieja discusión entre los gramáticos, en la cual no se ha dicho la última palabra.
En efecto, tradicionalmente en nuestro idioma ha existido la diferencia entre las formas "deber..." y "deber de...", en el sentido de que la primera, "deber...", expresa una afirmación categórica, mientras que la segunda, "deber de...", expresa duda, suposición o probabilidad.
Si a una pregunta acerca de la venida de una persona, por ejemplo, respondemos: "Él debe venir...", indicamos que la persona de quien se trata está en la obligación de venir, o también que tenemos la certeza de que vendrá. En cambio, si nuestra respuesta es: "Él debe de venir...", manifestamos duda, suposición o probabilidad de que venga, sin tener ninguna certeza al respecto. Es decir, no estamos seguros de que venga, pero suponemos o es probable que venga. En la lengua oral, el sentimiento de certeza, o de duda, suposición o probabilidad implícito en la respuesta se verá reforzado con una entonación adecuada. Es más, por la entonación el oyente puede deducir que en la respuesta predomina uno de esos sentimientos, si afirmamos, o si dudamos, suponemos o creemos probable que venga. En cambio, en la lengua escrita la certeza, duda o probabilidad se deducirán del contexto.
El problema es que con el uso la distinción entre "deber..." y "deber de..." se ha ido perdiendo, y hoy es frecuente, sobre todo en Hispanoamérica, que empleemos "deber...", sin la preposición "de", tanto para afirmar categóricamente, como para expresar duda, suposición o probabilidad. Por supuesto, en este caso es aún más importante la entonación, que nos indicará si estamos afirmando categóricamente, o si expresamos duda, suposición o probabilidad. La Real Academia Española, con toda razón, recomienda mantener la distinción entre "deber..." y "deber de...". En cuanto a que la preposición "de" no puede ir delante de un verbo, ni me imagino de dónde puede venir semejante disparate.
Caracas, 15 de abril de 2008.