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Clasificación de las oraciones simples (I)

Ya sabemos que la oración simple se construye en torno de un verbo, que es su núcleo principal. De modo que donde haya un verbo, hay una oración simple. (De la oración compuesta hablaré después). En este caso se trata de verbos en conjugación, lo cual deja fuera los derivados verbales, que son el infinitivo (amar), el participio (amado, amada) y el gerundio (amando), que no son conjugables.

Recordemos que el verbo, de por sí, puede constituir una oración bimembre, porque el verbo, al ser conjugable, lleva en sí mismo su propio sujeto. El verbo amo equivale a yo amo; dormías equivale a tú dormías; hablaron equivale a ellos hablaron, y así sucesivamente. Sin embargo, aunque basta con enunciar el verbo para tener una oración, generalmente se requiere más información, y entonces se recurre a los demás elementos que forman la oración y completan el sentido de lo que se dice.

Hay oraciones simples de varias clases, según diversos criterios.

Hoy voy a hablar de la clasificación de la oración simple según la actitud del hablante. Esta es una clasificación en que se relaciona el lenguaje con el psiquismo, con el sentimiento de las personas.

Desde este punto de vista, el primer tipo de oraciones simples es el de las oraciones enunciativas, que pueden ser afirmativas o negativas. Lo característico de estas oraciones es que, en el primer caso (afirmativas) hay perfecta conformidad entre las ideas expresadas en el sujeto y en el predicado, del cual el verbo es núcleo principal. En la oración “Yo vivo en Caracas”, hay una perfecta conformidad entre la persona que se expresa en el sujeto, y la idea de vivir esa persona en Caracas. Pero es una conformidad que se limita al ámbito gramatical o lingüístico, pues tal conformidad entre sujeto y predicado no prejuzga que quien enuncia esa oración esté diciendo la verdad o mintiendo. O sea, la conformidad entre el sujeto y el predicado es sólo de naturaleza gramatical, pero nada tiene que ver con el aspecto moral implícito en el acto de expresarse oralmente o por escrito.

La oración afirmativa no tiene ninguna forma específica que la defina como tal. Su estructura es la más común, porque es la estructura básica de la oración, sobre cuyo modelo se construyen las demás, como ya veremos. Es característico de la oración afirmativa que, por regla general, el verbo vaya en modo indicativo.

La oración negativas aquella en que el predicado no conviene al sujeto, no existe conformidad entre ellos. Obsérvese la diferencia entre “Yo vivo en Caracas” y “Yo no vivo en Caracas”.

En el primer caso, oración afirmativa, la estructura de la oración no requiere ningún elemento especial que contenga la afirmación; en cambio, en la segunda sí, pues su carácter negativo se expresa mediante el adverbio de negación “no”.

Generalmente el adverbio de negación antecede inmediatamente al verbo, como en el ejemplo dado. Pero a veces el verbo lleva uno o más pronombres complementarios, y en ese caso dichos pronombres se colocan entre el adverbio de negación y el verbo:
“Ella no le trajo lo que le prometió”; “Los pasajeros no se pusieron de acuerdo”; “A la casa no se le había hecho ninguna reparación”.

Es frecuente que las oraciones negativas, además del adverbio “no”, lleven otros elementos que refuercen o incluso amplíen su negatividad, como los adverbios de negación nunca y jamás pospuestos al verbo: “Ella no ha viajado nunca”; “Yo no haré eso jamás”. También pueden ser los pronombres indefinidos nadie, ninguno, nada, que a veces son necesarios para completar, y no sólo reforzar, la idea de negación, porque el solo adverbio puede ser insuficiente: “Ayer no vino nadie”; “Aquí no hay ningún libro que hable de eso”; “El no quiso nada de lo que le ofrecieron”.

El reforzamiento de la negación puede hacerse también mediante ciertas frases o locuciones apropiadas para ello: “Yo nunca lo ofendí en mi vida”; “No he comido en todo el día”; “Yo no voy a eso ni amarrado”.

Caracas, 23 de mayo de 2006.