El lunes de la semana pasada estuve en Barquisimeto. El diario El Impulso tuvo la feliz iniciativa de celebrar la Semana del Periodista con un ciclo de cinco conferencias sobre temas relacionados con el trabajo periodístico, y sus directivos tuvieron la gentileza de invitarme a iniciar dicho ciclo. Me pidieron que hablase sobre los errores más frecuentes del lenguaje periodístico en Venezuela. La conferencia estaba destinada al personal que labora en ese importante diario, ya centenario y uno de los periódicos más modernos y mejor hechos de nuestro país. Sin embargo, muchas otras personas manifestaron su deseo de asistir, motivados por el creciente interés que en la gente despiertan los asuntos del idioma. Fue así como esa mañana del lunes se reunieron en un espacioso auditórium, en la sede de El Impulso, más de doscientas personas, cuyo vivo interés en el tema se mostró en la admirable atención mantenida durante los cuarenta minutos de mi intervención, y en las decenas de preguntas que se hicieron al final, todas certera e inteligentemente planteadas.
Antes de hablar de los errores más frecuentes en los periódicos y demás medios de comunicación venezolanos, señalé las características propias del lenguaje periodístico, y su ubicación dentro del concepto general del lenguaje como el principal instrumento de expresión y comunicación, con particular énfasis en el hecho de ser el lenguaje la más importante herramienta de trabajo del periodista y demás profesionales de la comunicación. De lo cual deriva un esencial problema ético, traducido en la responsabilidad que asume dicho profesional al hacer uso de esa su herramienta principal de trabajo.
En efecto, los frecuentes errores que se detectan en el lenguaje de nuestros periódicos y demás medios, no son importantes sólo porque reflejan la ignorancia de la propia lengua y la descuidada formación académica de muchos de esos profesionales, sino también porque suponen un daño a la propia lengua, y por tanto al más importante elemento de la cultura, como es el lenguaje, que a su vez es patrimonio colectivo de la población. En este punto es preciso recodar que los periódicos son la única lectura para miles de personas en toda su vida, y la radio y la televisión su único entretenimiento.
De ello se deriva, además, que la labor de periodistas y demás comunicadores tiene una función pedagógica, de la cual hay que tener plena conciencia como paso previo para cumplirla cabalmente. Función pedagógica que no reside sólo en el contenido de los mensajes que se trasmiten a través de los medios, sino también en el lenguaje que se emplea para ello. Además de agradecer a la gente de El Impulso su gentil invitación y las espléndidas atenciones que me brindaron, quiero destacar también el encomiable gesto de la empresa editora del periódico de proporcionarle a su personal, y de paso a decenas de otras personas, una oportunidad de mejorar en algo la calidad de su lenguaje.
Caracas, 24 de junio de 2008.