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Los nombres de las personas (3)

Inicialmente los nombres de los venezolanos -lo mismo que los de otros países hispanohablantes- eran propios del idioma castellano, no porque necesariamente se hubiesen originado en su seno, sino porque, aunque provenientes de las lenguas matrices, entraron a formar parte esencial del léxico castellano como nombres propios. Pero posteriormente se fueron incorporando otros nombres provenientes de diversas lenguas.

De origen latino son Adrián, Antonio, Augusto, Benito, Cecilio, Columba, Corina, Esteban, Fabricio, Félix, Gloria, Graciela, Lilia, Lorenzo, Marcelino, Maximiliano, Nemesio, Octavio, Pompeyo, Salvador, Tadeo, Valentín, Víctor, Virgilio...

De origen griego: Felipe, Héctor, Heliodoro, Teodoro, Heraclio, Hermágoras, Atanasio, Hipólito, Leandro, Leda, León, Leoncio, Lesbia, Narciso, Nereida, Néstor, Nicanor, Nicolás, Nicomedes, Ninfa, Olimpia, Orestes, Pantaleón, Porfirio, Sofía, Teódulo, Teófilo...

Muchos son de origen germánico: Adalberto, Adela, Adelaida, Adolfo, Álvaro, Berta, Bernardo, Braulio, Bruno, Carlos, Casilda, Clotilde, Elba, Elsa, Elvira, Emma, Enrique, Ernesto, Federico, Fernando, Froilán, Gastón, Gerardo, Gertrudis, Gilberto, Gisela, Godofredo, Gonzalo, Gualberto, Guillermo, Gumersindo, Gustavo, Hilda, Hildemaro, Hugo, Humberto, Ildefonso, Leopoldo, Luis, Ludovina, Matilde, Óscar, Osvaldo, Raimundo, Ramiro, Reinaldo, Rigoberto, Rodrigo, Rodolfo, Roberto...

Son de origen hebreo María, Miriam, Jesús, Abraham, Ada, Raquel, Rebeca, Isabel, Magdalena, Elías, Samuel, Eleazar, José, David, Juan, Mateo, Isaías, Ezequiel, Daniel, Zacarías, Joaquín, Joel, Judith, Belén, Moisés... Provienen del Árabe: Alí, Fátima, Almudena, Azucena, Omar, Zoraida, Zuleica, Zaida...

Muchos otros nombres usuales en Venezuela, y en otros países hispanohablantes, provienen de diversas lenguas: Iván, Ígor, Olga, Nadia, del Ruso; Marlene, Wolfgang, del Alemán moderno; Mabel, Elizabeth, Mary, Jennifer, Jenny, William, Richard, Freddy, del Inglés; Ivette, Jacqueline, Michel, del Francés; Mirella, del Provenzal; Gina, Enzo, Vincenzo, del Italiano...

Independientemente de la lengua de que provengan, es interesante también cómo se escogen o forman los nombres. Comúnmente se critica que se inventen nombres para las personas, o que se les apliquen como nombres propios nombres comunes de objetos o cosas que no tienen nada que ver con la denominación de las personas. Pero esa es costumbre muy vieja.

Muchos nombres de uso frecuente se formaron así. Por ejemplo, adoptando como nombres propios los comunes de flores:
Rosa, Azucena, Lirio, Dalia... O nombres de otras cosas igualmente extrañas a los de las personas: Margarita, que originalmente es el nombre latino de la perla; Luna, Estrella, Sol, Columba (paloma en Latín), Esmeralda... Se emplean asimismo palabras que designan sentimientos o determinadas situaciones:
Esperanza, Amparo, Socorro, Milagros, Mercedes, Pilar...

O se forman palabras compuestas cuyos componentes no son nombres propios: Teódulo (teo=dios; doulos=esclavo)...

El que de esa costumbre de inventar nombres extraños para las personas resulten algunos ridículos, denigrantes o ambiguos es otra cosa.

Caracas, 25 de septiembre de 2007.