Generalmente los complementos del sustantivo son los adjetivos. Y a la inversa, una de las funciones más importantes del adjetivo es la de complemento del sustantivo.
Sin embargo, también es posible que un sustantivo sea complemento de otro sustantivo.
En primer lugar, puede serlo mediante una preposición: “café con leche”, “muro de contención”, “café sin azúcar”, “piedra sobre piedra”, “cocina a gas”, “guerra contra las drogas”, “hora tras hora”, etc. Es posible igualmente que un sustantivo sirva de complemento de otro sin intervención de la preposición ni de ningún otro elemento conectivo. Se trata del sustantivo en aposición, en que generalmente el sustantivo complementado y su complemento van yuxtapuestos, es decir, uno al lado del otro, aunque eventualmente pueda haber algún otro vocablo entre ellos: “fecha clave”, “hombre congreso”, “mujer policía”, “hombre lobo”, “mujer maravilla”, “casa cuna”, “coche bomba”...
De hecho, el sustantivo en aposición actúa como un adjetivo, pero sin perder su carácter de sustantivo.
La aposición puede ser de tipo especificativo o de tipo explicativo. Si decimos “Bolívar, el libertador...”, el sustantivo “libertador” no agrega nada a la idea expresada en el nombre Bolívar, pues en este ya está implícita la idea de “libertador”. El sustantivo en aposición allí sólo desarrolla, enfatiza, repite una idea que está implícita en el sustantivo complementado. Lo mismo ocurre si decimos “Caracas, capital de Venezuela”, pues el solo nombre de Caracas lleva en sí mismo la idea de ser capital de Venezuela.
En estos casos la aposición es de tipo explicativo.
En cambio, si decimos “El 19 de abril de 1810 es una fecha clave en la historia venezolana”, el sustantivo en aposición “clave” señala específicamente una característica agregada al sustantivo “fecha”, pues distingue una fecha clave de las que no lo son. Lo mismo ocurre si decimos “ciudad satélite”, “coche comedor”, “café concierto”, “hombre araña”, pues se trata, en cada caso, de identificar o distinguir un sustantivo de otros que no tienen sus mismas características. En estos casos la aposición es de tipo especificativo, pues agrega al sustantivo complementado algo que lo especifica, que lo identifica, que lo distingue.
La aposición da origen a palabras compuestas, como algunas que ya he mencionado:
“casa cuna”, “hombre lobo”, “bocamanga”, “bajo barítono”, “bocacalle”... Como se ve, algunas de estas palabras pueden ir juntas, y otras separadas.
Por regla general el sustantivo en aposición es invariable en número, y se usa siempre en singular, aunque el sustantivo complementado vaya en plural: “Hay una fecha clave...”, “Hay varias fechas clave...” ; “una mujer policía”, “varias mujeres policía” ; “un camión cisterna”, “cinco camiones cisterna”.
Es posible igualmente que entre un sustantivo y su complemento en aposición haya diversidad de géneros. En la frase” La nave pirata, terror de los mares...” vemos que el sustantivo “nave” es femenino, pero el complemento en aposición, “terror”, es masculino. Lo mismo ocurre en “La casa museo estaba cerrada”, en que “casa” es femenino, mientras su complemento apositivo, “museo”, es masculino.
Caracas, 28 de agosto de 2007.