Los sustantivos partitivos, como parte, mitad, tercio, resto, etc., son también colectivos, pues indican un conjunto de personas, animales o cosas, y por tanto implican pluralidad, por lo que igualmente pueden concordar con adjetivos en plural: “De los miles de personas que marchaban, parte iban alegres y optimistas, parte preocupados”; “De los millones que tiene, más de la mitad son mal habidos” ; “Gastó casi toda su fortuna en malos negocios; el resto son fruslerías”. En la primera oración el sustantivo parte, en singular, concuerda con los adjetivos alegres, optimistas y preocupados, en plural; en la segunda, el sustantivo mitad concuerda con habidos; en la tercera, el sustantivo resto concuerda con fruslerías, que es un sustantivo, pero aquí hace función adjetiva.
En las oraciones atributivas o de verbo copulativo (ser y estar) rige también, en principio, la norma de concordancia: el sujeto concuerda con el verbo en número y persona. Pero la presencia en el predicado nominal de un adjetivo, o de un sustantivo adjetivado, plantea una novedad, que no vemos en las oraciones predicativas. En la oración “Esta novela es muy bella” vemos que el atributo, bella, que es un adjetivo, concuerda en género y en número con el sujeto, novela, ambos en femenino y en plural. Pero si decimos “Los celos son señal de inseguridad” observamos que el sujeto en plural, “los celos”, concuerda con el verbo (son) en plural, pero con el atributo (“señal de inseguridad”) en singular. Algo parecido ocurre en la oración “El público eran puros muchachos”, donde el sujeto en singular (“El público”) concuerda con el verbo (“eran”) y el atributo (“puros muchachos”) en plural. Igual que en “El rancho son cuatro tablas y unos cartones”.
Hay casos en que se rompe deliberadamente la concordancia, por razones diversas, psicológicas y estilísticas principalmente. En lenguaje coloquial es frecuente, por ejemplo, que saludemos a una persona diciéndole “¡Hola!, ¿cómo andamos?”, cuando en realidad lo que se quiere decir es “¿Cómo andas?”. O se interroga a un enfermo, con ánimo de alentarlo, “¿Cómo amanecimos hoy?”. O llegamos a casa de un vecino o amigo donde ciertos preparativos nos hacen exclamar:
“¿Como que tenemos fiesta?”. O se expresa un reclamo por una mala acción que nos perjudica: “¿Conque esas tenemos?”. Incluso es posible romper la concordancia atribuyendo a un colectivo hipotético lo que es responsabilidad individual del que habla: “Como que metimos la pata”.
A este tipo de discordancia deliberada pertenece el llamado plural de modestia o plural mayestático.
Consiste en usar la primera persona del plural referida a acciones individuales de uno mismo. Los decretos reales, por ejemplo, comienzan generalmente diciendo “Nos, el Rey...”, y no “Yo, el rey”, de donde el nombre de mayestático para esta costumbre. Es igualmente común, aunque cada día menos, que escritores y periodistas usen el “nosotros”, para eludir el “yo”:
“Ahora nos preguntamos cuál es el impulso o causa y efecto de la obra de arte, y con ello penetramos en la agonía (...) del artista al enfrentarse a la materia que constituirá su obra” (Alejo Urdaneta: El arte: una apreciación personal).
Caracas, 29 de mayo de 2007.