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Racha

Una querida amiga, periodista de primera línea y con buen dominio del lenguaje, me pide que diga algo sobre la palabra "racha".

Alguien se empeña en censurarle que diga "una mala racha", porque, según él, las "rachas" son todas buenas, no habría "malas rachas". En eso se equivoca.

"Racha" es un golpe de viento, o ventarrón pasajero, significado con que comúnmente se usa dicha palabra, sinónimo de "ráfaga". Pero alguna vez alguien la usó metafóricamente, referida a una sucesión más o menos breve de episodios de características semejantes, ocurridos en un período determinado, y ese uso figurado se generalizó y arraigó, hasta el punto de que la palabra hoy se usa más en esa acepción que en la originaria relativa al viento: "Hemos tenido una racha de mala suerte"; "El año pasado tuvimos una racha de éxitos".

Este uso metafórico es viejo; figura en la definición de "racha" la primera vez que aparece en el Drae, en 1884: "racha: Mar.

Ráfaga, 1ª acep. || fig. y familiar: Período breve de fortuna, más comúnmente en el juego".

Esta definición sugiere que la "racha" sólo puede ser de hechos positivos. Pero en la 20ª edición, de 1984, el Drae la modifica ligeramente: "Mar. Ráfaga de aire. || 2. En cualquier actividad, período de fortuna o desgracia". Más precisa es la definición del Diccionario Clave: "Breve período de tiempo de buena o de mala suerte (...)".

Según estas definiciones, no hay duda de que la "racha" puede ser de hechos favorables o desfavorables, y por tanto la expresión "una mala racha" es tan válida como "una buena racha".

Hay que advertir, además, que hoy día se llama "racha" no sólo al ventarrón que se produce en el mar, sino también al que se da en tierra.

Corrección. En el artículo anterior cometí un error, al atribuirle la novela Zárate (1882) a Nicanor Bolet Peraza, cuando su autor fue don Eduardo Blanco, el mismo de Venezuela heroica. El Pbro. Pedro Pablo Bartola la consideraba la primera novela venezolana, pero la mayoría de los críticos e historiadores de la literatura sostienen que la primera fue Los mártires (1842), de Fermín Toro. El error fue por haber hecho la cita de memoria, lo cual, a mi edad, es evidentemente peligroso.

Caracas, 10 de junio de 2007.