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"Ego"

"Ego" es la primera persona del pronombre personal en latín, equivalente al castellano "yo".

Freud le dio una gran relevancia al aplicarlo como nombre a una de sus categorías de la personalidad. El DRAE se refiere a este hecho en los siguientes términos: "1. m. Psicol. En el psicoanálisis de Freud, instancia psíquica que sereconocecomoyo,parcialmente consciente, que controla la motilidad y media entre los instintos del ello, los ideales del superyó y la realidad del mundo exterior".

Luego agrega una acepción coloquial que alude a cierto tipo de personalidad: "2. m. coloq. Exceso de autoestima". De algunas personas se dice que tienen un "ego" muy desarrollado.

El vocablo "ego" entra en la composición de varias palabras muy significativas: "egolatría" y "ególatra"; "egoísmo" y "egoísta"; "egocentrismo" y "egocéntrico"; "egotismo" y "egotista".

De "egolatría" dice elDRAE: "f.

Culto, adoración, amor excesivo de sí mismo". De "egoísmo": "Inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás". De "egocentrismo": "m. Exagerada exaltación de la propia personalidad, hasta considerarla como centro de la atención y actividad generales". De "egotismo": "1. m.

Prurito de hablar de sí mismo. 2.

m. Psicol. Sentimiento exagerado de la propia personalidad".

Estos diversos derivados de "ego" se aproximan mucho al concepto de "narcisismo".

Sendos. Un amable lector me observa que el adjetivo "sendo, a" con carácter ponderativo, de que hablé en el artículo anterior, no es nuevo, pues ya se usaba en tiempos de don Andrés Bello, quien lo condena drásticamente, atribuyéndolo a un mal uso del adjetivo "sendos" con valor distributivo. Seguramente Bello se refería a un uso chileno, pues no hay, que yo sepa, ningún testimonio de ese uso en nuestro país durante el siglo XIX y bien entrado el XX, ni en la literatura ni en los diccionarios y repertorios sobre venezolanismos. Hasta mi generación, creo, no se le conocía. Es, más o menos, a partir de los años 50 que yo recuerde haberlo oído.

Queda, pues, sin efecto, la hipótesis por mí formulada acerca del origen del uso de "sendo, a" con valor ponderativo, especialmente frecuente entre los jóvenes. Lo que sí queda a salvo es mi afirmación de que no se trata de un mal empleo del adjetivo "sendos", sino de dos palabras distintas. Falta, además, dilucidar el origen de ese uso en el lenguaje actual. El Diccionario panhispánico de dudas señala que dicho empleo se da en el uso popular del lenguaje en muchos países de Hispanoamérica, y se halla en textos españoles del siglo XIX, "pero es uso rechazado en la norma culta, tanto española como americana".

Caracas, 15 de noviembre de 2009.